jueves, 23 de enero de 2014

                                     
                                         

                                                                        TRENES

Mi infancia, entre otras cosas: estuvo marcada por los trenes. Por circunstancias familiares estuve rodeado de ellos. Mi amado tío Enrique era capataz, -o gerente, como se le diría hoy-, de la contrata de limpieza de los trenes de la estación de Cádiz. Bellísima estación, prima hermana de la de Atocha, y hoy esperando un digno nuevo destino. Pues en esos nostálgicos andenes; un andén siempre evoca nostalgia, yo jugué y corretee desde muy, muy pequeño. Mi tío o mi madrina que también trabajaba en esa contrata, me subían a aquellos vetustos vagones, y mientras mi madrina y el resto de las señoras de la limpieza hacían alegres su trabajo entre:

¡Adiós señor buen viaje!
¡Adiós que lo pase bien!
O
!Ojos verdes, verdes coomo la albahaca!
¡Verdes como el trigo verde!

La banda sonora la ponía doña Cocha Piquer, reina por entonces de las ondas radiofónicas y escenarios de medio mundo, yo escudriñaba por aquellos departamentos aun con olor a humanidad de los pasajeros recién llegados de quien sabe donde; Madrid, Córdoba, Sevilla, en busca de algún TBO olvidado por un pequeño viajero. El tren arrancaba camino de la Segunda Aguada –hoy le da nombre a un barrio gaditano- nada, seria kilómetro y medio o dos como máximo, pero para mi, aquel trayecto era un viaje fantástico a donde mi mente infantil me llevara. Poco después el primer viaje real fue acompañando a mi madrina a Córdoba para ver a mis tíos y primos, también ferroviarios. Aun tengo presente algunos recuerdos de entonces, aquella tortuga que tenia mi tía Ramona en su casa y que casi siempre desaparecía, seguramente por mi visita. Vivían en unos pabellones para los trabajadores de Renfe, a orillas de la estación de aquella ciudad, en la avenida de Américas, hoy desaparecidos y convertido en una enorme avenida en cuyo subsuelo alberga la mole y fea estación actual, o de como me descubrió mi primo Paco los secretos y leyendas de la deslumbrante Mezquita.
Después siguieron otros viajes, mi primer viaje a Madrid para buscarme la vida como actor, el hambre que pasé y los amigos que hice en aquel recorrido frustrado por el servicio militar, y durante este, otro recorrido, el de Cádiz-La Parra en el primer ferrobús de las siete de la mañana y que cogía a tiempo, gracias al amor y celo de mi buen padre, conocedor de que, de no cogerlo, me podía buscar un calabozo. Un segundo viaje a Madrid con una Legionaria asida a mi, luego Cádiz y ya a Barcelona, y viaje triunfante de regreso. Y a este, le siguieron otros, y más, muchos, quizá demasiados por la geografía española hasta que llego un momento que fue necesario ponerle alas a los trenes y vinieron viajes a ambas Américas.
Mi vida se convirtió en un ir y venir, hoy aquí, mañana allí, y pasado ya veríamos, a veces con ganas e ilusión y otras para, de alguna manera llenar la nevera porque aquellos trenes, aquellos aviones, aquellos viajes eran fundamentalmente –aunque a veces una excusa- por motivos de trabajo, y luego se convertían al mismo tiempo en disfrute de aquellos lugares que visitaba.
Definitivamente, aquellos trenes de mi infancia me marcaron, mucho, y para siempre. Lo que me pregunto ahora, pasado el tiempo… ¿Que hubiera sido de mi vida si aquella primera vez me hubiera negado a subirme a aquel tren? Seguramente, mi vida sin trenes, hubiese sido… otra vida.
                                                                             

A mi primo Paco Cosano Rivero, èl sabe porque.
Ramon Rivero
Tunez, Enero 2014

jueves, 17 de octubre de 2013

AQUEL GUERRERO DE XIAN



Sucedió en uno de nuestros muchos viajes a la isla de Gran Canaria, viajes que han sido casi siempre de trabajo y placer, como casi todos nuestras giras, el trabajo era el motivo principal y alrededor de las actuaciones, o antes o después unos días de asueto, casi siempre después para estar ya mas relajados sin funciones, ni  entrevistas, ni compromisos.

Aquel día, como casi todos, y siempre según el estado climatológico de la mañana, o bien paseo matinal por la playa de las Canteras, o bien por la ciudad. Ese día toco paseo por la ciudad. Bajábamos desde la Plaza de España por la gran avenida Mesa y Lopez, rotulada así en homenaje a un alcalde de Las Palmas de principio de 1900. Después de pasar El Corte Ingles y solo unos metros después, nos llamó la atención un comercio de objetos decorativos con bastante estilo, con muy buena pinta, pero ya notándose su declive, principalmente en sus enormes escaparates. Todo estaba en liquidaciòn, con precios muy tentadores. Nos llamó enormemente la atención un guerrero de Xian de cerámica  en color naranja y de un gran tamaño. Allí estaba silencioso, impasible, mirando a la nada, le acompañaba otros objetos, pero a su lado como un lazarillo del tiempo, tenia un gato de madera pintado por algún pintor con delirio de Picasso.




No pudimos evitar la tentaciòn y pasamos al interior del local donde una señora con bastante clase nos atendió. Pedimos ver aquel guerrero y claro, como no hay una sin dos, y también aquel lindo y simpático gatito. Tuvimos claro que eran para nosotros y el precio no podía ser mejor.

A Santi le tocó cargar con él y a mi con el minino. Así llegamos hasta el hotel, era imposible ir a otro lugar con el tamaño del de Xian. Los dos quedaron sobre el tocador de la habitación y nos dispusimos ir a almorzar.  

El misterioso guerrero no comenzò a darnos problemas hasta la víspera de nuestro viaje de vuelta a la península. Cuando comenzamos a hacer las maletas, primero el gato bien envuelto en ropa por aquello del tratamiento de las compañias aéreas a los equipajes. Cuando le llegó el turno, aquel guerrero de Xian era de tal tamaño que no entraba en ninguna de las dos maletas, ni tan siquiera en diagonal. Después de una casi acalorada discusión, " no nos van a dejar llevarlo en la cabina", "que si se queda aquí", "se lo regalamos a fulanito".
Después de mucho pensar y sobre todo discutir, decidimos llevarlo en brazos como si de un bebé gigante se tratara, exponiéndonos a que se quedara y viviera definitivamente en el aeropuerto isleño. Pasamos los controles sin problemas, solo nos quedaba entrar en la propia nave y ver la reacción de las azafatas. Nada de nada, solo que... ese guerrero tampoco entraba en el compartimiento para el equipaje de mano. Pues total, ya a estas alturas, viaje sobre las piernas de Santi. Durante la travesía no le faltaron al chino los piropos de las amables azafatas que incluso tuvieron el detalle de traerle la comida a Santi cuando yo había terminado, para turnarnos con la carga del dichoso guerrero.

Así, de Gran Canaria a Sevilla y por fin a casa. Que no fue ni para èl, ni para nosotros el destino definitivo. Vinieron otras ciudades y viajes de mudanzas y de todas ha salido ileso, incluso la ultima de España a Túnez, a nuestra casa donde reposa y nos observa desde su atalaya del mueble del salón, y por supuesto acompañado por su compañero de viajes, el gato picasiano que ha corrido la misma suerte, como nosotros. 
Como nuestro guerrero de Xian no puede, yo cuento su historia, al menos la que ha vivido con nosotros. Su pasado es una incógnita.

Ramón Rivero
Túnez, octubre 2013